La llama eterna de La Pegatina Eva Baroja, periodista de El País y RNE
Cuando has viajado por todo el mundo. Y la maleta está siempre a medio hacer. Y has visto tantas cosas. Y te has pasado los meses echando de menos. Y te has perdido y te has encontrado. Y has ido de lado a lado, entre dos veranos, muy lejos de casa… Quizás sea el momento de volver. Y convertir este regreso en una fiesta. Es lo que hace La Pegatina en su nuevo álbum Fuegos del Barrio.
Tras el parón por el que abandonaron los escenarios para tomarse un respiro de la exposición y la exigencia de las giras constantes, la banda catalana nos invita a reivindicar nuestras raíces. En su caso, su pueblo, Montcada i Reixac, pero, también su forma de entender la música y el oficio, en el que el divertimento juega un papel crucial. Porque nadie como ellos para levantarnos el ánimo, ponernos a bailar, obligarnos a relativizar y a celebrar la vida.
“Volvemos más juguetones. Ya no buscamos que nos hagan caso en los medios o que la industria nos acepte. Hemos vuelto a lo que nos gusta. Antes había canciones que solo hacíamos para la radio y que realmente luego no nos apetecía tocar en directo”, explica el líder del grupo Adrià Salas. Hacer lo que les gusta les llevó a convertirse en una de las bandas de referencia de la rumba mestiza hace más de dos décadas. Ahora vuelven con las pilas cargadas con este undécimo álbum.
Cada canción en Fuegos del barrio es una llama que ilumina los lazos que tejemos en torno al lugar en el que nacemos: la familia, los amigos, el barrio o el pueblo. Es una oda a la vida tranquila y cotidiana. Porque el mundo se puede arreglar con unas cervezas en una cancha de fútbol, junto al calor de una fogata, como refleja el videoclip de Con este fuego. “Somos una banda internacional que al mismo tiempo toca en las fiestas de los pueblos. No hay nada más de barrio que eso”, explica su vocalista.
“Y dime: ¿qué tengo que ver yo con este fuego?”, se pregunta en uno de los versos de esta canción. El fuego que recorre todo el concepto del álbum simboliza muchas cosas, principalmente, la ansiedad, los nervios o la sobreestimulación del mundo moderno. Sentimientos de los que intentan escapar con este regreso a la calma que supone volver a casa. Una canción que representa, al fin y al cabo, todas esas cosas que nos generan malestar o infelicidad y que deberíamos quemar en la hoguera.
Pero Fuegos del barrio va mucho más allá. También lanza mensajes sobre todo lo que no se ve de la profesión artística. Y reflexiona sobre la autoestima, la madurez o la presión del juicio ajeno, en canciones como De lado a lado, Venpayá o Siempre nos tienes ahí. “Seguimos enclaustrados en relaciones de poder, etiquetas y moral, bendiciones de anteayer”, canta Salas.
El álbum, producido por Camilo Lara, tiene mucho de México, su segunda casa, y país en el que llevan tocando doce años. Desde el diseño de su portada, con ilustraciones de Dr. Alderete con motivos del Día de muertos, hasta canciones como Todo el mundo pregunta por ti, un ska rancherizado en forma de carta de desamor tras una ruptura.
En general, su propuesta sonora es cruda y muy real. “Nos habíamos acostumbrado a sonar muy producidos, con mucha reverberación, pero en este álbum hemos apostado por no retocar las voces y los instrumentos porque el barrio es tocar en la calle y también la imperfección”, explica Adrià Salas. “Esto es lo que somos de verdad, sin maquillajes”.
Pero si hay una canción que refleja la esencia de La Pegatina es Siempre nos tienes aquí, la apertura del álbum. Un homenaje al grupo y, en mi opinión, también a quienes buscan en sus canciones “un timonel, un impulso, un tesón, una garra y una ilusión”. Porque por mucho tiempo que pase, la amistad estará por encima de los problemas. Y su público les esperará en el barrio y a un lado y a otro del océano. |
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