B.O.W. (Brotherhood of Wolves) vuelve a golpear el tablero del rock internacional con el anuncio de su sexta entrega de estudio. El proyecto capitaneado por el binomio creativo de Tommy López y Vladimir Emelin regresa a la carga con los colmillos afilados y la veteranía de quien conoce bien el oficio. Como punta de lanza de este nuevo asalto, el grupo estrena el videoclip de «Drops of Black», una pieza homónima que sirve de salvoconducto para un álbum que promete ser su testamento definitivo de hard rock. Este primer adelanto visual no es solo una canción; es el testimonio de una formación que ha decidido desenterrar el hacha de guerra y recuperar la química orgánica de sus raíces, convocando de nuevo a los lobos de la primera hornada para recuperar ese espíritu fundacional que forjó su identidad en sus inicios. La arquitectura de este nuevo artefacto sonoro descansa sobre la producción de un Tommy López que, además de tocar la batería, se encarga de unos teclados que destilan influencias de las décadas de los ochenta y noventa para crear atmósferas de puro ADN rockero. En esta ocasión, la banda se presenta como un bloque de granito donde la inconfundible garganta de Diego Valdez se bate en duelo con las seis cuerdas de Izzy Cueto y el pulso de German Leth. El regreso de Moisés Cerezo al bajo y los coros, sumado a la solvencia de Ovidio López y las inyecciones de savia nueva de Baire, quien aporta unos riffs que rompen los moldes del estilo, convierten este trabajo en una celebración de la hermandad. Es un viaje que transita entre la contundencia más cruda y esos pasajes melódicos que agarran por las solapas y no te sueltan. |
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