El rock de raíces en este país no se entiende sin el sudor y la persistencia, conceptos que el cuarteto bilbaíno Amann & The Wayward Sons ha elevado a la categoría de arte tras una década de trayectoria ininterrumpida. La banda se encuentra hoy en el momento de mayor madurez y voltaje de su historia, un estado de gracia que se materializa en la publicación de su quinto trabajo de estudio, «Air Creation», previsto para el próximo mes de marzo. Este álbum, forjado bajo la premisa innegociable del «blues rock from the gut», nació de una epifanía mecánica durante su gira por el Reino Unido. Una avería en Baldock, al norte de Londres, transformó un contratiempo logístico en el motor creativo de una obra que explora nuevos escalones de energía y una madurez compositiva que se siente orgánica en cada acorde. Grabado en Submarino Records bajo la producción de Emi Bares, el disco se postula como la declaración definitiva de una formación que ha sabido canalizar las pausas forzosas en pura catarsis eléctrica. Tras haber dejado una huella indeleble el pasado fin de semana en sus citas de Zaragoza y Sabiñánigo, donde la banda demostró que el directo sigue siendo su hábitat natural, la maquinaria no se detiene. El rugido de la carretera regresa con una fuerza renovada el próximo 21 de febrero en la sala Buda de Benavente, continuando un periplo nacional que recorrerá plazas como A Coruña, Goián, Ponferrada, León y una cita especial en Bilbao. Sin embargo, la ambición de este décimo aniversario trasciende nuestras fronteras. Tras confirmar fechas en Oporto y Biarritz para el mes de mayo, la banda dará su gran salto oceánico con un extenso «tour» mexicano durante agosto, llevando su sonido a ciudades como Toluca, Querétaro, Guadalajara, Puebla y Ciudad de México. Esta proyección internacional responde al crecimiento de un grupo que desprecia el algoritmo para refugiarse en la verdad del escenario. |
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