lunes, 8 de junio de 2015

DESDE FERNAN NUÑEZ A AC/DC EN MADRID


LET THERE BE… AC/DC

La mañana del domingo 31 de mayo, cinco intrépidos aventureros montamos en coche. Destino: El infierno.


Tras cuatro horas de camino y tras encontrar un aparcamiento, fuimos a dar una vuelta a los alrededores del Estadio Vicente Calderón para ver el ambiente y los puestos del, excesivamente caro, merchandising oficial del grupo. Menos mal que nos quedan los vendedores de productos “no oficiales”.


Tras volver al coche a por suministros, regresamos nuevo al exterior del estadio, esperamos a que abrieran las puertas. Es entonces cuando anunciaron su apertura y nos separamos: algunos íbamos a pista y otros iban a las gradas. Pillamos un buen sitio, a unos pocos metros de la plataforma elevadora en la que se preveía que iba a tocar algo Angus. Nos tocó esperar unas dos horas a que empezaran los teloneros: los californianos Vintage Trouble, con un estilo más blues rock, que caldearon el ambiente.

A poco de acabar su actuación, el cantante Ty Tyson se bajó del escenario: subió a una valla y se tiró al público. Esta práctica fue abortada hasta dos veces por los de seguridad, que le agarraban de las piernas. Pero a la tercera fue la vencida: Tyson surfeó entre la gente, los de seguridad lo cogieron y volvió al escenario, donde presentó a la banda y se despidieron.

Hubo una pausa para cambiar las guitarras, batería, etc., y, media hora después, por fin llegó el momento: el vídeo inicial y Rock or bust abrieron el concierto de AC/DC. Luego llegaron Shoot to thrill, Hell ain’t a bad place to be, un Back in black cantado a coro por todo el estadio, Play ball y Dirty deeds done dirt cheap, canción en la que Brian Johnson deja cantar una parte a Angus Young. Fue entonces cuando llegó la parte apoteósica del concierto: Thunderstruck, coreada por todo el público; High voltage, en la que Brian cantaba para que la gente le respondiera; y Rock and roll train. Fue entonces cuando bajó la campana al escenario y sonó el riff de Hells bells, una de las canciones más esperadas por el público. Tras esto, sonó Baptism by fire, del último disco, You shook me all night long, Sin city, Shot down in flames, Have a drink on me y un T.N.T. en el que el público se encargó de hacer el “oi, oi, oi” del coro.


Entonces, el escenario se oscureció y apareció la muñeca hinchable gigante Rosie, y empezaron a tocar Whole lotta Rosie. Al acabar, una pequeña pausa de unos 30 segundos y volvieron a la carga con Let there be rock, en la que Angus se tocó un solo de nada más y nada menos que 13 minutos, mietras se disparaba confeti sobre el estadio. Otra pausa para que Angus tomara aliento… y Madrid ardió. Un incombustible Highway to hell aclamado por el público que convirtió la capital de España en el mismísimo Infierno. Y ya para acabar tocaron For those about to rock, mientras seis cañones disparaban en los instantes finales.


Para acabar, he oído comentarios como Chris Slade se perdió en el inicio de "Sin city” o "Brian estaba tocado de la voz”. Sí, son fallos, pero son humanos y además tienen más de 60 años. No se les puede pedir más, ya que el espectáculo que dieron fue impresionante, con una inmensa calidad de audio y vídeo. 


En mi opinión, este ha sido, y siempre será, el mejor concierto al que he asistido en la vida.


Texto y Fotos: Salvador Raya Cuesta

*Desde “El Suavecito”, Nuestro Agradecimiento para Salva por esta gran crónica.

1 comentario:

  1. De puta madre! Nos veremos en el infierno! Chane.

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